París Fashion Week: entre el zapato de cuña y la López Ibor. Impresiones.

Tras el Gallianazo, los señores de Dior hicieron una vez más alarde de su doble moral: lo que debería haber sido un desfile histórico (mejor o peor, pero hablamos del fin de una era), se convirtió en una chorongada absoluta. “La hermana de Dior se exilió y por eso somos una casa tan tolerante que todo nos parece intolerable, menos el trabajo en la sombra de nuestras costureras”. Qué bonito, qué bucólico, qué sentido y qué hipócrita, frío y enrevesado.



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