Terror en el Museo del Traje.
Capítulo 1:
nunca subestime a un muso sin amor.

No era muy tarde, tampoco una noche de esas cerradas y tenebrosas con silbidos del viento y escalofríos repentinos, cuando nuestras bloggeras decidieron dar por finalizada su jornada festivo-eventil fabulosa. Se habían tomado tres vinos (que no dan gases) y un par de cócteles de esos fucsias que, junto con los cupcakes, convierten cualquier reunión de jovencitas estilosas en un acontecimiento de y sobre Moda. Llevaban, pues, el grado de alcohol justo como para no tambalearse en sus peeptoes-botines, pero sí para que sus cuerpos vestidos color verde mandarina sin madurar se estremecieran ante el post que se les avecinaba: Scott Shuman era bajito, sí, pero seguía siendo El Sartorialist. Tras cargar a cuestas con la bici de paseo por el empedrado, no les había suplicado una foto, pero se habían hecho una foto con él en el bar, que era casi lo mismo, ¿no?
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