— Los fashionpedists

VACACIONES FASHIONPEDISTAS


Nos vamos de vacaciones. Mentales. Al fin y al cabo, éste ha sido un año duro para todos, vosotros y nosotros, y ésta, nuestra humilde morada digital, es la única tarea a.k.a vendimia que podemos parar cuando queramos, que para eso es nuestra. Nos vamos de vacaciones muy satisfechos; hemos desahogado aquí nuestras penas, indignaciones, fascinaciones, delirios y/o desvelos modernos y, lo más fuerte de todo, es que algunos los han compartido, o han discrepado, pero los han leído. Muy fuerte e inimaginable antes de dar el salto a convertirnos en Los Fashiónpedists. Nos sentimos acompañados por gente muy listita y muy molona. MUCHAS GRACIAS.

Bueno, vale, sí. En realidad esto no es un cerrado por vacaciones en toda regla. Habrá un post sorpresa en unos días. Sorpresa porque nos llena de orgullo y satisfacción haber podido llevarlo a cabo, ya lo verán.

Y ya que nos vamos, y no nos gustan las despedidas anodinas, aunque sean temporales, queremos contarles un secretito:

Antes de que Los Fashiónpedists fuéramos los Fashiónpedists. O más o menos por las mismas fechas (no nos acordamos del todo porque, como la Moda, tenemos memoria a corto plazo) comenzamos a pergeñar un librito. Un librito precioso que se publica a la vuelta del verano, o sea, ya mismo. Y en el que hemos escrito, elegido escritos de otros, dibujado y puesto mucho amor. Una antología que es como nuestro hijo primogénito y por eso queremos enseñároslo a todos, para que veáis lo guapo que es. Va de dandis. De dandis de verdad. Y hasta ahí podemos leer.

Os echaremos mucho de menos. Y, por si alguno se pregunta qué diantres andarán haciendo éstos, o cree que nos vamos a abanicar mutuamente en una Isla del Caribe mientras bebemos mojitos y criticamos los bikinis blancos de nuevas ricas, les resumimos someramente qué estaremos haciendo o intentando hacer en estos meses de bochorno.

Hasta Septiembre. Más o menos. O algo así

Planes de Pitina:
Me ha salido bartolinitis en el papo (por animar papos) véase App para chicas que estamos haciendo colaborativamente en mi agencia con la fabulosa SYLST.  Hagan click por el amor de dios.

A mi papo bartolinítico, le ha salido un hermano, llamado orzuelo (que me está quitando casi el 60% de visión del ojo izquierdo) teniendo en cuenta que soy diseñadora, esto repercute de manera bastante jarta en mi rutina laboral y en mis planes de secuestrar a toda la oficina. El rescate se traduce en exigirle más vacaciones a mi jefe, que me compre un poni (para pasear por el barrio y ser la más hipster) y bloody mary los viernes. Tendré que esperar al próximo verano.

Deliraré  con el mundo 3D 4 días a la semana, regaré mis petunias, que están preciosas e intentaré encontrar esas sandalias low cost maravillosas, que (obvio) no existen y además adoptar un gato.

Iré de veraneo al norte como es tradición en la familia de los Caleya, a posteriori, mi marido y yo volaremos rumbo al infinito (Portugal, que no nos da para mucho más) dejaremos atrás madriz, “la caló”, el tráfico y los abonos transporte…

Planes de Syl:
Debería facturar los papos que dibujé para Pitina. Mis papos. Mis papos animados. Mis bartolinos. Mis muchas respuestas sexuales de frente y de perfil. Mi útero vibrante. Mis secrecciones del alma. Debería pasar a secretar por hacienda, encontrar a Cristo Padre y consultarle si tengo que darme de alta en la seguridad social. La fé (en que dos personas o más me informen de lo mismo) es lo último que se pierde.

Dejaré aquí los papos bien arreglados para poner rumbo a La Ría, previa parada en ca’padres, previa parada en orense en aras de beber vino, previa parada múltiples a lo largo de la A6 por cuestión de esfínter flojo. Junto con los papos, voy a dejar el ordenador, 12 libros gordos y, confío, la zapatilla con la que me golpeo la cara desde marzo. También dejaré una maceta con 7 nísperos que miden un palmo ya y que son la luz que ilumina mi camino, el grifo de la cocina, loco perdido, la lavadora, que desagua cuando le place y la goma del horno, que se estalló la semana pasada truncando mis planes de (limpieza) suicidio. Gracias a ello, hoy he conseguido llegar a los 48ºC en la cocina, pizza mediante.

Voy a llevarme del brazo al costillo y los cuatro primeros de Juego de Tronos, cinta americana para taparle los huecos al reader y que no se arene, el paraguas, dineros para pagar copas a tres euros y botellas de albariño a tres euros también. Y la promesa firme de estar levemente borracha al menos, diez días seguidos.

En este verano de la vendimia voy a divorciarme de vodafone, tan callando que les voy a dejar una caja con sus cosas en el portal. Intentaré llevar ambas ingles depiladas a la vez. Intentaré no sucumbir a la ira y limitar los guiños de mi ojo izquierdo (fruto, quizá, de los golpes con la zapatilla). Será un bálsamo para mis codos mancillados darles baños de urea en el charco madrileño de mi señora prima.

Haré un portfolio muy molón. Estudiaré jquery. Retomaré lamierdalatesis. Buscaré un trabajo de persona mayor y si no, buscaré una maleta grande o un puente alto. Y les echaré mucho de menos a todos.

Planes de Mariano:
Como creo en la violencia simbólica del lenguaje, empezaré por llamar al verano “estío”, para quitarle fuerza. A continuación me iré al extranjero: no muy lejos, pero lo suficiente para desconectar la tarifa de datos de la Blackberry durante unos días y vivir sin el sobresalto constante de esa lucecita roja que envenena mis sueños. Allí me compraré libros que no tenga pensado leer de antemano, pasearé mucho, hablaré francés y me dejaré una pasta en un billete de tren a Lausanne para visitar el museo del Art Brut. Una vez de vuelta a Madrid, como buen adicto al trabajo, no dejaré de laborar del todo, aunque trataré de combinarlo con mis hobbies favoritos: leer, escribir y, sobre todo, buscar lugares apropiados para tajarme a la intemperie.

Entre mis objetivos: trataré de aprenderme de memoria los dos pentagramas del tema principal de “Guárdame las vacas” hasta hacerme sangre en los dedos. Escucharé la Facultad Orgánica de Correa de Arauxo en la penumbra de mi cuarto y me compraré una hucha donde meter los centimitos que algún día me permitirán adquirir una masía catalana con un claustro románico adosado a la piscina. Trataré de darle ese empujón eternamente aplazado a mi eternamente aplazada tesis doctoral. Buscaré al Barmanú en el Parque Natural de Lagos de Somiedo y escucharé podcast antiguos de Iker para paliar el parón estival de los milenios 3 y 4. Y viviré con la angustia existencial de que el verano se termine demasiado pronto, cosa que siempre ocurre. Y antes de que pueda darme cuenta, septiembre llegará y a esa angustia existencial le sucederá otra no muy lejana: la de saber qué me depararán los meses venideros en esta España que parece que sólo tiene futuro dando patadas a un balón. Es decir, que no tiene futuro en absoluto.

Planes de Caty
Tengoqueacabarlatesis, tengoqueacabarlatesis, tengoqueacabarlatesis. Así que, si no hay intervenciones familiares que puedan perturbar mi instinto ermitaño, me encerraré en un agujero perdido en una montaña del norte, con la despensa llena de bolsas de quicos, cerveza y orujo de Potes, una rebequita de punto gordo y la discografía de Bob Dylan y La Polla Récords, para finiquitar de una vez por todas mi víacrucis por los Pradas, Chaneles, Vuittones y otras cosas que cuando era joven me gustaban pero de las que hoy estoy bastante harta.

Antes, pasaré por Bilbao para abrazar a una botella de txakolí y a una de mis mejores amigas, que me ha regalado por mi cumple (oh, quedirísima Leo) unas entradas para ver a Bon Iver y entrar en conexión mística con las barbas, las camisas de franela, las mecedoras y los copos de avena (que son en realidad las cosas que  mueven mi espíritu y dan sentido a mi aburrida existencia)

Después, para olvidarme de que teníaqueacabarlatesisynolahabréacabado me voy a Frankfurt. Y me voy a Frankfurt básicamente porque a Frankfurt te lleva Ryanair y a Berlín no. A gorronear a un santo varón germano, que nos llevará de excursión por el sur. Con suerte, llegamos a Berlín, cargamos la maleta con prendas de segunda mano compradas al peso, nos pilla Ryanair y nos gastamos nuestros ahorros de 50 euros conseguidos con el sudor  de muchos meses de muchos trabajos distintos en poder volver a Madrid.

Entre medias, tengo una entrega que entregar, unos textitos que escribirme, un concierto de Alabama Shakes, un otoño movidito que preparar con antelación y un par de libros de William Gaddis que me miran con deseo. Porque para mí el verano es un agujero negro y un vórtice espacio temporal en el que cabe de todo- Y luego en Septiembre no habré hecho ni la mitad.

Escriben, Los Fashiónpedists | ilustra Pitina Caleya

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