TENGO NUEVOS ÍDOLOS: las agencias de color
Hay tendencias y hay modas pasajeras. Normalmente, lo que llamamos tendencia es en realidad una moda pasajera, aunque el hecho de que cada vez haya más modas pasajeras puede considerarse una tendencia actual. Las modas pasajeras son eso, pasajeras; booms que duran lo que tardas en colgar la ropa en el armario. Las tendencias, sin embargo, son direcciones que se van vislumbrando en la sociedad, que tardan más en cristalizar y, por lo tanto, suelen tardar más en desaparecer. Están íntimamente relacionadas con el cambio de hábitos, con acontecimientos relevantes, incluso con formas de pensar. El cambio en la Moda es siempre uno de los indicios más claros de que hay o habrá un cambio social. Y hoy, que, apoyados en las grandes cadenas de fast fashion, adoptamos y rechazamos muchas modas pasajeras al año, incluso a mes, podríamos decir (rizando el rizo, claro) que seguir todas y cada una de las modas pasajeras propuestas es una tendencia en sí misma.
Digo esto porque el otro día me topé con este libro sobre la predicción de tendencias del color en Moda, que me hizo reflexionar sobre la labor del coolhunter y, sobre todo, sobre la importancia que adquiere el color ya no sólo en los trapitos que usamos, sino en la forma de expresarnos. Y pensé en el famosísimo y agotador caso del “verde mint”, cuya sobreexposición hizo que nos cansáramos antes incluso de que llegara a la tienda. Ahora que la moda está tan de moda y que todo el mundo ejerce de coolhunter consigo mismo, parece que predecir o proponer un color y una prenda concretos es un éxito asegurado. Sin embargo, yo creo que hay tantas modas dispares, tantas ofertas compitiendo y todas circulando tan rápidamente, que lo verdaderamente exitoso por complicado es encontrar la tendencia que las englobe, el estilo de vida que las justifique y el estilo de vida que, real o fingido, dará a lugar a nuevas prendas, nuevos colores, nuevas propuestas. Por eso la tarea del verdadero coolhunter me parece tan compleja; anticipar la posible respuesta a un estado de ánimo colectivo o a unos acontecimientos concretos lleva tiempo, documentación y una capacidad de observación que para mí las quisiera.
En lo que respecta al color, la cosa se complica triplemente. Todos tenemos un color favorito o un color que creemos que nos favorece. Prendas favoritas y cortes que nos sientan bien siempre hay un par, y adaptarse a ellos es más sencillo. Al principio todos nos veíamos horribles con los pantalones pitillo, y hoy muchos de nosotros (o igual soy yo) preferimos quedarnos en casa antes de salir con los pantalones campana. Los pitillos, sin embargo, siguen siendo azules en su mayoría.
Los colores se asocian siempre con un estado de ánimo y cada uno de ellos tiene, además, una connotación cultural concreta: aquí en Occidente el rojo es sexual, el rosa infantil, el negro sobrio o triste, los grises serios o profesionales… Si dejamos las ropas y hablamos en términos más amplios, nos damos cuenta de que hay colores que condensan historias de gran calado: el blanco Apple, el rojo Cocacola, el amarillo McDonald’s. Y, volviendo a la Moda, podemos escribir una parte de su historia sólo a través de colores: Chanel liberó a la mujer pero también liberó al negro de ser un color menor, el color del servicio. El púrpura fue durante mucho tiempo el color de las clases altas, por lo costoso de su tinte. ¿Os imagináis un retrato cortesano con miriñaques grises o de colores apagados? ¿Y un Delphos o una jupe-culotte de Poiret blancos? ¿Y aquellos trajes multiusos de Donna Karan en fucsia? ¿Por qué sabéis que un Louboutin es un Louboutin? ¿Por qué Benetton tuvo tanto éxito? Os podéis imaginar una tienda sin pantalones verde mint y conocéis a gente que no sabe lo que es el colour block ¿os podéis imaginar a las mujeres de Mad Men yendo a trabajar de gris, marrón o negro? A eso me refiero cuando hablo de modas pasajeras y tendencias de una época.
Estamos muy próximos en el tiempo como para saber qué colores definen a la primera década del dos mil, pero sí podemos tener nuestras sospechas, pues a cada acontecimiento a gran escala, la sociedad responde con un color: verdes y tonos tierra ante la preocupación por la sostenibilidad y el medio ambiente, negros y tonos nude que reflejan la austeridad de los primeros años de la crisis, flúor y colores saturados queresponden con optimismo a una crisis que acabó siendo peor de los que pensábamos, colores pastel y empolvados que inspiran serenidad en tiempos crispadísimos… más allá del calabaza, el mostaza, la mandarina y el verde mentolado, se trata de adoptar una gama de colores como respuesta sensorial e inmediata ante un cambio de paradigma.
Con este libro descubrí que la predicción del color es un trabajo, y un trabajo con una enjundia sociológica brutal. Las agencias de predicción del color tienen que lanzar sus propuestas casi dos años antes de que se lance una colección de moda. Al fin y al cabo el color es lo primero, antes que las telas o los estampados a utilizar hay que saber con qué gama teñirlos. No saber tomarle el pulso a la sociedad de los próximos dos años significa fracasar, porque cuando entramos a una tienda llena de colores que nos chirrían ni nos molestamos en acercarnos a las perchas. Hay muchas agencias del color, Pantone es probablemente (y sin probablemente) la más conocida; tanto que ya es una marca en sí misma y ha colaborado como marca con marcas de moda como Uniqlo (Uniqlo siempre a la cabeza). Pero, por lo que se muestra en el libro, todas ellas lanzan sus propuestas enmarcadas dentro de una historia y un estilo de vida futuro. Los colores, como una de las formas de expresión más primitivas e inmediatas que existen, expresan y condensan formas de vida, aspiraciones y estados de ánimo de forma magistral, mucho mejor incluso que cualquier prenda concreta. El storytelling al servicio del color. Y el color al servicio de los valores, los logros y las aspiraciones. Después de esto, mato al que me vuelva a decir que el verde mint es la tendencia del año. Y el que avisa no es traidor.
Predicción de tendencias del color en Moda
Kate Scully, Debra Johnston Cobb
Ed. Gustavo Gili
Escribe CatyShark de Aragón | ilustra Pitina Caleya

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