LEGIONARIOS DEL LIBRO EN LA FERIA DEL ÍDEM. LA LECTURA COMO ESCUDO Y COMO ARMA ARROJADIZA

La Feria del Libro de Madrid es ese crisol de culturas y subculturas que tiene lugar una vez al año en el Parque del Retiro. Hay libros, muchos libros. Y mucha gente. A veces demasiada. Como buen evento aglutinador de elementos dispares, es un lugar perfecto para hacer sociología delirante. Y como hay libros con un 10% de descuento, pues allá que vamos todos los años. Porque si hay algo que nos guste, aparte de Prada, son los libros. Y la sociología delirante.
Lo bueno es que hay libros y gente de todo tipo y condición. Lo malo, que hay libros y gente de todo tipo y condición. Por eso desde aquí, su web amiga, queremos prevenirles contra algunos horribles momentos que probablemente se den durante su visita a la Feria y les proponemos diez libros terapéuticos para olvidarlos:
- Siempre (y cuando digo siempre, es siempre) te encuentras con libros de gente que debería haber declinado la oferta de escribirlos. De celebridades de extrarradio, estilistas, tertulianos que con deberían haberse pasado al papel. En la moda hay unos cuantos, en la tele también. Decía Wittgenstein que de lo que no se puede hablar es mejor callar, pero lo de hablar sin saber es una epidemia hoy. A ellos, no a ustedes, les recomendamos que se acerquen a la figura de Bartleby, el personaje de Melville que “prefería no hacerlo”. Que se lean a Vila-Matas y comprueben que hay escritores geniales que deciden no escribir cuando creen que no tienen nada bueno que contar. Que se lean los ensayos de Deleuze, Agamben y Pardo (Pre-textos) sobre el tema. Yo aún no me los he leído, pero leer a Deleuze nunca viene mal y leyendo a Deleuze se te quitan las ganas de escribir, eso seguro.
- En la variedad está el gusto. O no. Hay editoriales que venden autoayuda de la que te hunde en la miseria, editoriales con libros de César Vidal y editoriales que adoctrinan y venden modelos de mujer, amante esposa, madre y militante del Foro de la Famila. Sin tener nada en contra de su público, creemos que Ser Madre Hoy (Blackie Books), el nuevo libro de Miguel Noguera, es una doctrina muchísimo mejor para la vida. Antes de leer Ultraviolencia, su anterior obra maestra, creíamos que Noguera era un humorista cojonudo. Ahora, después de estos dos libros, creemos que Noguera es un místico, Un San Juan de la Cruz contemporáneo. Cada página es una iluminación, un delirio y una enseñanza para la vida.
- Este post, que hace acopio de momentos horribles, nace del momento más horrible de todos: no tenemos un duro. No podemos comprarnos ni la mitad de la mitad de los libros que nos molan. Así que hemos decidido ir buscando las cosas que no nos molan, para que se nos quiten las ganas de comprar. Aún así, es imposible no toparse con alguna joya de compra obligada. Es una tragedia. En la Feria del Libro nos acordamos de la crisis más que nunca, pero como el que no se consuela es porque no quiere, nos acordamos también de que la decadencia, a veces, es bella. Y si no nos creen, lean La Altana (Cabaret Voltaire), la historia de Henry de Régnier en la Venecia de entresiglos. La Vennecia decadente de Proust, de D’Annunzio o de Mariano Fortuny. Ya saben que si hay algo que a servidora le guste más que Prada, es Fortuny; por eso la maravillosa descripción de la visita de Régnier a su palacio, a sus arcones llenos de telas antiguas y las bellísimas fotos de Venecia que Fortuny hizo en sus primeros años y que ilustran este libro hacen de él una joya y nos recuerdan que la decadencia, si tiene estas cosas, a veces es bienvenida.
- Nos alegró ver carteles en la caseta de Berkana denunciando las prácticas de Wert y las declaraciones del Obispo de Alcalá. Nos alegró porque es la primera vez que vemos denuncias explícitas en la Feria. Pero a la vez nos deprime saber que hemos vuelto a épocas que creíamos superadas. Cuando vemos este tipo de cosas, nos acordamos de Pasolini y de sus escritos políticos (brillantes), pero sobre todo nos acordamos de su muerte. El Caso Pasolini (Gallo Nero) , una novelita gráfica que relata esto mismo, nos recuerda, como dijo Moravia al respecto, que hay sucesos trágicos que tristemente nos alertan de que un país necesita realizar profundos cambios. Pues eso.
- Y si hay algo que hay cambiar en este país es esa idea de que la cultura es accesoria, que en época de austeridad la cultura no es un bien necesario. Pues no, Señor Wert; la cultura no es un regalo, es un derecho fundamental. No es caridad, es la vía para hacer que un país crezca. Con cada recorte, Wert se hace más pequeño, como la protagonista de La Esposa Diminuta (Capitan Swing), la preciosa historia de Andrew Kaufman (ídolo de la que esto escribe) sobre individuos que deben encontrar aquello que les falta en sus vidas para revertir los hechizos que les impiden seguir adelante. Aunque lo dudamos, esperamos que Wert encuentre su solución pronto, porque los que no podemos seguir con nuestras vidas somos nosotros.
- Como esto en principio pretendía ser un blog de Moda, aunque ahora sea un poco el coño de la Bernarda, la cabra tira al monte y lo primero que hacemos en la Feria del Libro es fijarnos en los trapitos de la gente. Son muy fuertes: desde el perroflauta wannabe (ya es chungo no llegar a perroflauta) que va con sus pantalones de cáñamo a comprarse ¡Indignaos!, el señor engominado con camisa de 1997 que considera que Fernando Savater le va a aportar profundidad filosófica a su vida, el filósofo que va a por el enésimo ensayo de Kant y parece que se le ha olvidado vestirse, el moderno ilustrado que se para en las casetas de las editoriales independientes, la pija vestida con colores flúor que se compra la enésima novela inspirada en Amélie, el adolescente espabilado fan de Palahniuk…si algo nos gusta de la Feria del Libro son las pequeñas subculturas que se dejan ver por allí. No es que se llegue al punto de “dime qué lees y te diré cómo vistes”. Determinismos los justos. Pero sí hay una cierta tendencia a elegir ropa y autor en función del estilo de vida de cada uno. Eso es así (toma determinismo) y para muestra, Las Cosas (Anagrama), de nuestro idolatrado Perec, la novelita que muestra y demuestra que algunas etiquetas se consiguen rodeándonos de cosas, muchas cosas, que hablen por nosotros.
Esto ha quedado largo, largo. Así que mañana más consejos literario-terapeúticos a los que, ya saben, no tienen que hacer caso alguno. Un último: para todo lo demás, Foster Wallace. Y siempre, siempre, siempre, guarden un ejemplar de Las Uvas de La Ira, que vaya usted a saber si habrá que representarlo en la M-30.
Escribe CatyShark de Aragón | ilustra Syl St
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