Andrés Gallardo o la moda en los tiempos del cólera
En estos tiempos, la normalidad en España es un milagro, y el éxito es el más raro de los tesoros. Si hablamos de la moda, la sequía creativa y comercial que vive nuestra industria textil (eufemismo) sólo se ve interrumpida, de tiempo en tiempo, por puntuales destellos de esperanza. Nadie que conozca medianamente la situación del sector puede aspirar hoy a crear grandes casas de moda con colecciones, segundas líneas, productos de recuerdo y gran despliegue mediático. Eso, como la alta costura, las licencias a mansalva y la Pasarela Cibeles, son cosas del pasado. En nuestros días, los tiempos imponen pruebas de fuego a todo creador que se precie. Y sólo unos pocos, poquísimos, salen de ellas con vida, un poco magullados y manchados de ceniza, pero vivos al fin y al cabo. Son aquéllos que aplican un concepto muy sencillo: producir una cosa, producirla bien, y producirla en la versión más radical y más fiel a su idea original. Y ése es el concepto que ha convertido a Andrés Gallardo en el héroe de nuestro altar doméstico durante las últimas semanas.
Después de adquirir una amplísima experiencia diseñando para varias marcas de moda, Andrés decidió liarse la manta a la cabeza y montar su propia empresa, vertebrada por una idea muy sencilla: diseñar y producir colecciones de joyería inspiradas en la porcelana antigua. Sus primeros diseños surgieron precisamente reciclando figuritas pasadas de moda y engarzándolas en monturas elegantemente diseñadas. El resultado final, muy delicado, un poco kitsch, llamaba la atención porque no se parecía a nada que otros diseñadores estuvieran haciendo. Era, y es, moderno, personal y de altísima calidad. Y así, a golpe de porcelana y de trabajo, Andrés Gallardo ha ido haciéndose con un puñado de puntos de distribución y consiguiendo que lo mejorcito de Madrid y de parte del extranjero luzca collares con ejemplares de un bestiario a medio camino entre lo decorativo, lo iconográfico y lo fantástico. Sin grandes alardes mediáticos, sin showroom en la calle Argensola y sin quemar a la gente.
Y de repente, una mañana, nos encontramos esto: una de las imágenes que más felices nos podían hacer. Lana del Rey, en la portada del S Moda, luciendo uno de los collares más bonitos que hemos visto en años. Una artista que, guste más o menos, es infinitamente más interesante que la gran mayoría de cantantes de su generación, y la obra de un diseñador que es la demostración viva de que las cosas pueden hacerse bien. Esta imagen nos llena de orgullo (hace mucho que creemos ciegamente en el talento de Andrés), y no sólo eso. Ojalá sea el principio de más cosas. Y ojalá, en estos tiempos aciagos, el trabajo de Andrés Gallardo sirva para mantener en marcha el verdadero motor de la moda: la capacidad de soñar.
Escribe, Mariano José de Farra | ilustra, Pitina Caleya

Me haría una camiseta con esa ilustración maravillosa…
Me has dado una idea….yo también quiero!