La Tribu de las Gainsbourg
Si, a la hora de establecer tribus generacionales de féminas, en España hemos tenido a las Azafatas del Un, Dos, Tres, a las Chicas Almodóvar, a las Tertulianas de Intereconomía y a la Tribu de las Chochoni, en Francia, mucho más finos y canallas, el aglutinador de disparidades femeniles fue, en una época no tan lejana, Serge Gainsbourg. Gainsbourg, que era músico extraordinario, actor, escritor y forjador de toda una época, fue también el jefe de una tribu formada por todas aquellas féminas que pasaron por su manos y, cual muñecas de cera, fueron modeladas, refinadas y convenientemente baqueteadas por obra y gracia de este Pigmalión feo y, según todas las opiniones, lleno de talento. Con su aire desvaído, su mandíbula floja, su boquita de piñón de incisivos colegiales, su delgadez, su pelo lacio y su mirada perdida al encender un Marlboro, la chica Gainsbourg pasó a convertirse en la tipología ideal de toda una generación y, mediante los mecanismos de la nostalgia y de la mercadotecnia, en la quintaesencia del chic francés. Por eso hemos querido rescatar a cinco de estos nombres hoy legendarios que, en un momento u otro de sus carreras, formaron parte de la tribu de las Gainsbourg. Por sus ojeras las conoceréis.
Jane Birkin
La Gainsbourgiana par excellence. Señora de su señor, lánguida hija de Albión muy de los sixties. Lo suyo fue tan fuerte que ha dado para alimentar una carrera musical, una minicarrera cinematográfica (inolvidable adolescente autista en La Piscina), un bolso de Hermés (Victoria Beckam tiene 100, ella tan sutil) y una hija graciosa e inexplicablemente stylish que hace tanto de niñera retraída como de musa de Ghesquière o de lasciva endemoniada (muy Gainsbourg esto último también). Nosotros la admiramos (a la madre) por haberse atrevido a llevar aquel vestido transparente de YSL y por haber entrado en el Olimpo a base de maullidos, caiditas de ojos y mohínes. Lo que un hortera llamaría “ídola”.
Brigitte Bardot
A la vista de sus recientes desvaríos ecologistas y neofascistas, las últimas teorías apuntan a que, si BB fue la musa de los progres de los sesenta, lo fue sin enterarse absolutamente de nada de lo que se cocía a su alrededor. Posiblemente tampoco se enteró de lo que le quería Gainsbourg de ella, aunque un icono es un icono, y Bardot se prestó de buena gana a una de sus recreaciones más logradas: Bonnie & Clyde.
Isabelle Adjani
La que es una de las mujeres más bellas del mundo y una de las actrices favoritas de quien esto escribe grabó con Gainsbourg un disco igualito a los que Gainsbourg hizo para la Birkin, la Bardot y otras tantas: canciones entre canallescas y cursis, ronroneos, onomatopeyas y juegos vocales aptos para la irritación (lo de Beau Oui Comme Bowie casi me provoca un derrame la primera vez que lo escuché). Y, sin embargo, con su portada “pasión en la playa con mi jersey de Céline” y temazos como “Ohio” o “Pull Marine”, es una joya a reivindicar desde ya.
France Gall
France Gall era como la prima del pueblo de Françoise Hardy, y posiblemente eso llevó a Gainsbourg a pensar que podía colársela por la escuadra. Es verdad que le escribió el tema con que ganó Eurovisión en 1965 (y que todos los poperos llevaban en el mp3 en el Contempopránea del 2004), pero también es verdad que le escribió una canción muy boba, Les Sucettes, que hablaba de una chica a la que le gustaba chupar piruletas. Parece que France Gall fue la última en enterarse de que aquello era una cochinada, y, después de pasearse por medio mundo alardeando de su pasión oral, se mostró convenientemente indignada. O no.
Whitney Houston
A Whitney (que está en los cielos) Gainsbourg no le hizo ninguna canción, pero sí le dedicó uno de los momentos más memorables de la televisión del siglo XX. Cuando aquel hombre avejentado y alcoholizado, en pleno directo televisivo, espetó a la primorosa promesa afroamericana aquello de “I want to fuck you”, temblaron los cimientos de la civilización. Pero ella lo llevó con tanta elegancia que, sólo por eso, se merece un puesto propio en la tribu de las Gainsbourg.
Escribe Mariano José de Farra | ilustra Syl ST

Yo me quedo con Jane y sus bolsos Hermès (quien pudiera tener ni que fuera uno) aunque Bardot es una diosa también. No estoy muy familiarizada con la saga Gainsbourg, la verdad, pero tienes razón en que han llegado a ser la quintaesencia del chic francés. Quizás el estilo voguette de Emanuelle and cia esté basado en ellos.
Besos!