— Los fashionpedists

Ayer soñé

Anoche soñé que volvía a Manderley. Anoche soñé que un vecino desconocido me llamaba para contarme que, debido a una profunda depresión, no podía estar al día de los pagos del ascensor (¿?). Anoche soñé que LosFashiónpedists salíamos a bolsa.

Acciones y obligaciones. Un mondongo de dineros. Una expectación descomunal. El Mundo, Europa, Carabanchel y Mariano Rajoy, pendientes de nosotros. Cientos de brokers hablando, presa de la ansiedad, en… sus… donde sea que se enteren de los cotilleos que generan expectación. Vamos, la imagen mental del concepto “salir a bolsa” que puede hacerse alguien con manifiesta nulidad económica, matemática y científica.

Y no era nada del IBEX. No. Era mercado americano. Wall Street. En un tiempo futurible indeterminado, donde todos nosotros éramos supersepsis treintañeros fibrados y sin ojeras.
Nos encomiaban a tocar la campanita. Y ahí, la hecatombe. La ruptura de la cúpula, la Guerra Mundial Z, la caída de una nación.

En el bando capitalista, Catalina y quien les habla, que pese a llevar Manolos y un paraguas con hojas de ficus gigantes que venden en el Jardín Botánico a 45€ (y que, a lo visto, es mi representación subconsciente de “gasto innecesario”), vivíamos en la exacta y mismita miseria del doctorando-nini-pluriempleado de mierda en la que nos encontramos hoy día. Para nosotras, salir a bolsa era tope. Tope que se caga. Que se caga en sus bragas. Comprarse Fortunys, ponys, pagar al quimifucker para que nos leyera los artículos de referencia de la tesis… Una locura.

Pitina Caleya, en una versión sepsi-heroinómana-pelirroja de la Courtney Love más chunga, estaba en un estado total de indiferencia catatónica (apostaría que iba fumada de crack, o de bajona de ídem) y sólo repetía “quiero morir de sobredosis pero nadie sabe subir los textos a la web” a modo de mantra. Muy jodida, me entiendan. Muy morbos, pero muy jodida.

En el bando comunista, Mariano José de Farra. Mariano de Farra se me presentó en una foto instagram a las puertas de un museo fruto de la hibridación más delirante del NewMuseum, el Guggenheim de Bilbao y el Victoria&Albert. Curator, oigan. Lo había petado. Se había cargado a una anciana de manera muy artística o leyéndole literatura fuerte del siglo XII o lo que fuera. A efectos, dirigía el museo.

La cuestión es que mientras nosotras apoyábamos a tope tocar la campanita y hacernos con el dominio del mundo, Mariano sólo nos gritaba, “¡¡¡FARISEAS!!!” en bucle y con un enfado completamente mujeres-ricas. Y, que me maten, con el mismísimo acento de Hugo Chávez, sujetando delicadamente la mano de Pitina, que se había desmayado y caído de cabeza por unas escaleras, arrollando a varios economistas en su descenso.

Si les apetece un viaje parecido, les recomiendo gominolas para cenar, preferiblemente, moras.

Escribe, Syl ST | ilustra, Pitina Caleya

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