— Los fashionpedists

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29 marzo 2012 Monthly archive

Ya lo dijo la sin par CatyShark en un memorable post sobre el devenir del mercado asiático. El surgimiento del talento autóctono es algo que posiblemente perturbe los sueños de los Arnaults y los Pinaults del mundo. Pero, por mucho que les fastidie, existe, y mucho. Por eso hoy queremos prestar atención a un diseñador que casi nadie conoce y del que apenas nosotros tendríamos noticias de no ser por curiosos avatares vitales de quien esto firma. Se llama Kai Yeung Yau y es de Hong Kong. Cuando estaba estudiando en la London College of Fashion, en lugar de hacer símiles de McQueen (en el mejor de los casos) o de Alexander Wang (en el peor), Yeung Yau decidió probar suerte con sus propias raíces y con la propia identidad de la mujer hongkonesa.

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10. Pluriempléese y tenga, al menos, dos profesiones. A poder ser, dos profesiones de bien. Empresario y Gay. Informático y Virgen.  Químico y stripper. Periodista que no controla la sintaxis y modelo de laca Elnett. Abogado y portador de naúticos sin calcetines en invierno. Sabemos que con la crisis el pluriempleo es utópico. Sabemos que el pluriempleo mata la paz espiritual, que es agotador y frenético. Pero no le dijimos que fuera fácil. La trospidez, como la fama, cuesta.

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Retail is detail.
Y  no lo digo yo. Lo  dice Bernard Arnault. El, hasta hoy –veremos qué pasa con Dior- , genio gestor del lujo mundial.

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Que Manuel Piña muriera en 1994 fue un hecho que nos dejó huérfanos del que posiblemente fue el más creativo de los diseñadores españoles de los ochenta. Manuel moría a los cincuenta años, derrotado por la enfermedad y vencido en su lucha por tratar de sacar adelante su propio negocio y por cumplir esa utopía consistente en vivir de la moda en España. Decía Larra que escribir en Madrid es llorar. En este caso, podemos citar a Lorca y afirmar que hacer moda en España es luchar a brazo partido con los mares. Y eso, como bien sabía Yerma, no puede ser, y además es imposible. Manuel Piña fallecía e interrumpía una carrera que había comenzado a despegar apenas una década antes, cuando el auge de la Movida y el efímero soplo de modernidad que sobrevoló Madrid creó por un instante un ambiente propicio para la creación. En esos diez años hizo de todo: creó su propia marca, abrió su propia tienda, distribuyó sus colecciones en colaboración con las extintas Galerías Preciados y recibió aplausos en el extranjero.

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