— Los fashionpedists

Terror en el museo

Terror en el Museo. Tú al Bershka y yo a Oz. El desenlace

Y ahí, bajo la atenta mirada de nuestras tres musas, se mecía el ahorcado. “Si tú sujetas por los tobillos un maniquí, y yo me subo a sus hombros, quizás pueda alcanzarlo. Antes de ser
bloggera, fui animadora de los alevines del equipo de Baloncesto de Moratalaz. No me será difícil” repuso la joven altruista.

Pero no hizo falta. Examinaban la sala en busca de algún objeto que pudiera salvar a esta víctima de la moda de entresiglos (no eran tan mayores como para haber visto Macgyver, pero tampoco tan jóvenes como para no haber desayunado un domingo con Bricomanía) cuando escucharon el típico ruido sordo que hacen los cuerpos ahorcados al caer. En el techo, girones de tafetán de seda desgarrados; en el suelo, el cuerpo yaciente de otra víctima de la Moda. “Por una vez” dijo la veterana “esto de no restaurar las prendas ha servido para algo”

-“¡Oh Dior! ¡es la chica de thebestoutfitforeverandeverinyourlife.blogspot.com ¡“
–“ ¡Casi! ¡Es un maniquí de Bershka!”
-“¿Desde cuándo en Bershka se llevan los plisaditos?”
- “Desde que son color aguamarina. Pareces nueva, ¿no sabes que va genial con las
camisetas fucsias con rayas verdes?”

La bloggera veterana, que ha visto de todo la pobre, impuso cordura:“¿Qué tipo de mente perversa utilizaría un Fortuny para ahorcar un outfit inspirado en las nuevas mechas de Blake Lively? Han querido dejarnos un mensaje que, ahora mismo y con estos pelos, no logro descifrar. Pero hay que salir de aquí. Quitaos los peep toes de plataforma y a correr” Abriéndose paso entre las tinieblas de lo que hasta ayer era el buque insignia de eso que
algunos llaman Moda española, llegaron al jardín. La community manager, que llevaba bailarinas porque ya conoce sus jornadas maratonianas, las hizo chocar en el empedrado para mantener el equilibrio. Se hizo una luz fugaz: “¡Mirad!” Volvió a chocarlas, esta vez a propósito.

La veterana volvió a hacer gala de su experiencia vital: “Esto lo he visto yo en un editorial de Vogue USA de 2005. Luego hicieron una peli basada en el editorial. Claro que vosotras no habíais nacido. Creo que si vuelves a chocar tus bailarinas y pides lo que más deseas, se te cumple el deseo. O escapamos. O algo así”

“Bien, probemos: Gastos de envío gratis en Asos, gastos de envío gratis en Asos, gastos de envío gratis en Asos…” No funcionó “Front row en Hannibal Laguna, front row en Hannibal Laguna, Front row en Hannibal Laguna…”
-“¿En serio?” interrumpió la altruista horrorizada “¿y si pedimos salir de aquí? si nos matan,
no podremos comprar online nunca más”
“Venga, vale: queremos salir de aquí, queremos salir de aquí, queremos salir de aquí”

Y la luz, poco a poco, fue haciéndose más intensa. Los focos se encendieron uno a uno. Born this way empezó a sonar. Una mujer cercana a la cincuentena vestida de Isabel Marant se acercó a nuestras triunfantes heroínas acompañada por dos fotógrafos que manejaban sus Reflex compulsivamente:

“Enhorabuena chicas! Habéis superado la gynkana con éxito. Gracias por celebrar con nosotros el aniversario de nuestra marca. Aquí tenéis unos bolsos de logos y polyester como premio a vuestra fidelidad”

Nuestras chicas se miraron, desconcertadas: “ ¿y la fallera asesina?”, “Un visual merchandiser que nos debía horas”, contestó la viejoven ejecutiva. “¿Y Pepito Bradshaw? ¿Qué le habéis hecho?” “Pepito no estaba invitado. Alguien debió soplarle nuestros planes y se presentó aquí sin previo aviso. Al final el cloroformo se hizo necesario, ¿no creéis?” De nuevo, la veterana: “¿Nos daréis el dossier de prensa?”

¡Por supuesto! Es más, hemos hecho un shooting de vuestra aventura, punto por punto, sala por sala, que podéis encontrar ya mismo en vuestras bandejas de correo Y así pasaron nuestras bloggeras del pánico al júbilo. No sólo tenían una sesión de fotos hecha por alguien distinto a sus novios y/o sus madres, ¡era además un robado! ¡carne de paparazzi!
La felicidad plena llegó cuando la señora del bótox sacó de su bolso tres entradas dobles al Cibelespacio, tan brillantes como el Vuitton plateado del que procedían. Sin duda, tanto sufrimiento había merecido la pena.

Escribe Caty Shark de Aragón | ilustra Pitina Caleya

1 comment
Submit comment


siete − 5 =