— Los fashionpedists

El Papa

Ámito y Dalmática. Razones para una antífona esdrújula

Visto lo visto, y dado el panorama actual de Madama Moda, a los Fashiónpedists sólo nos queda agarrarnos a un clavo ardiendo, al nihilismo o a la fe (eso va en gustos). Y en temas de streetstyle, la religión no se anda con chiquitas.

No vamos a entrar en la polémica de las JMJ y su gusto por el colour block, los gorros de lona, las mochilas de nerd de instituto de extrarradio, las marcas presudotribales-groupie de boyband en la cara, las bermudas de cuadros, las zapatillas del Decathlon ( y primos hermanos worldwide) y la riñonera como itbag (¿pero no llevábais ya la mochila?). Sólo diremos que el peregrino que fuera con camisa blanca, pantalón de pinzas y acreditación en el bolsillo, merece nuestro respeto más sincero.

Si algo nos encanta del catolicismo, es lo que se ha venido llamando comúnmente Pompa y Circunstancia. El brocado, la cera, el terciopelo, las imposibles artesanías de las monjas, la rígida etiqueta vaticana, el festín cromático y ornamental de la Guardia Suiza. Por eso, una vez pasada la resaca papal, nos hemos propuesto reivindicar el lujo litúrgico que es posible -y recomendable- encontrar en Madrid.

Por todos es sabido que el Papa viste de Prada, pero sus humildes siervos no andan muy lejos en lo que a simbolismo, boato y tecnología textil se refiere.Si Papa-Ratzi va de Miuccia, la lógica nos dice que los obispos deberían lucir Miumiu, pero hasta que llegue ese glorioso y místico momento, el outfit sacerdotal seguirá teniendo sus referentes en otros maestros de la historia del traje (a las vírgenes de Lacroix las dejamos aparte, que llevan unos estilismos poco ponibles para la vida moderna y aún no se nos ha olvidado el coqueteo con Desigual)

Por eso nosotros, que queremos recuperar la dimensión performativa-onírica de la Liturgia, proponemos una adopción unánime de dalmáticas como las que creó a principios de siglo el Sin Par Mariano Fortuny. Fortuny, que sabía que la indumentaria sacerdotal católica procede de los rituales bizantinos -como siempre, Oriente es Oriente-, ideó prendas basadas en un uso a ultranza del estarcido en oro. Nosotros queremos estarcido en oro, y algodón blanco plisadito en trenza por debajo, y mucha púrpura, de múrice o de cochinilla, como la que le estaba reservada al Emperador Teodosio. Para los cirios, hay que acudir a la cerería centenaria de la calle Toledo, estratégicamente situada junto a la muy madrileña colegiata de San Isidro, antigua catedral -y verdadera catedral, porque la Almudena no pasa de ser una broma de mal gusto- capitalina. Para joyeles varios -orfebrerías, objetos litúrgicos, estampitas, bibelots-, nada mejor que Palomeque, que con su abigarramiento ofrece numantina resistencia a las horrendas boutiques minimalistas (¿liturgia minimal? ¿en serio?) de las aledañas calles Coloreros y Bordadores. Si algo tenemos en España, es el barroco. No hagamos tonterías y abracemos el brocado.

El ámito, esa especie de capelina de lino que va de la espalda al cuello y que aleja simbólicamente de las tentaciones malignas, funciona como el complemento perfecto al look sacerdotal. Los misioneros de la fe no llevan bolso, llevan ámito. La sugerencia fashionpedista ( y sabemos, aunque no nos lea, que Benedicto estará de acuerdo) es la sustitución del lino por la seda y del blanco por el estampado centenario. Vamos, el carré. Si hablamos de alejar el mal y predicar el bien, pensamos en Hermés. Si queremos que reluzcan nuestras prendas bordadas, brocadas y estarcidas, necesitamos a Hermés. Si queremos simbolismo heráldico y añejo, suplicamos Hermés. Hermés es la verdad y la vida, en definitiva, un básico para publicar la Buena Nueva, Y, puestos a pedir, proponemos esto como libro de estilo para las generaciones futuras. Fellini sí que sabía.

No es Mcqueen, pero también es espectáculo. No es Margiela pero también encierra concepto. No es Chanel pero también es rico en bordados. A la moda le están dando la extrema unción y estamos pasando por alto que los dadores del sacramento también tienen sus modas. El minimal franciscano, el chic papal, el casual parroquiano, la sobriedad cardenalicia. El que avisa no es traidor: en tiempos aciagos, la fe (en Dios, en el progreso, en Tom Ford, en lo que sea) deviene tendencia. Nosotros, por si acaso, hemos encargado unos rosarios y unas mantitas de macramé para apostarnos en una esquina a entonar los misterios dolorosos que se ven en Style.com

Escribe Caty Shark de Aragón & Mariano José da Farra | ilustra Syl ST

1 comment
  1. Minervisima says: 23 septiembre, 201122:14

    Amén hermana.

Submit comment


siete − = 6