— Los fashionpedists

Terror en el Museo

Terror en el Museo del Traje.
Capítulo 1:
nunca subestime a un muso sin amor.

No era muy tarde, tampoco una noche de esas cerradas y tenebrosas con silbidos del viento y escalofríos repentinos, cuando nuestras bloggeras decidieron dar por finalizada su jornada festivo-eventil fabulosa. Se habían tomado tres vinos (que no dan gases) y un par de cócteles de esos fucsias que, junto con los cupcakes, convierten cualquier reunión de jovencitas estilosas en un acontecimiento de y sobre Moda. Llevaban, pues, el grado de alcohol justo como para no tambalearse en sus peeptoes-botines, pero sí para que sus cuerpos vestidos color verde mandarina sin madurar se estremecieran ante el post que se les avecinaba: Scott Shuman era bajito, sí, pero seguía siendo El Sartorialist. Tras cargar a cuestas con la bici de paseo por el empedrado, no les había suplicado una foto, pero se habían hecho una foto con él en el bar, que era casi lo mismo, ¿no?

Pues en esas se hallaban nuestras heroínas en el momento en que, de la frondosa fauna de ese marco incomparable que es nuestro Museo del Traje, surgieron murmullos, pitiditos ahogados. “Ya se le ha enganchado a alguien el Louboutin en el enrejado”, pensó en voz alta la más veterana en estas lides. “Hay que ayudarla”, replicó la, aparte de musa de Inditex, cooperante en tres ONG’S “se pasa fatal y la suela roja puede quedar dañada”. “Id yendo que yo lo tuiteo”, repuso la community manager de tres marcas urbanas y frescas.

Y allí, entre un pino y un chopo, el horror: si la pobre azafata no tenía suficiente con llevar una chisterita blanca con tules a lo cabaretera de cuarta, si no era ya una tragedia llevar zapatos de punta blancos y llevar los micrófonos de acá para allá, ahora estaba maniatada, con el pelo cardado, los ojos fuera de las órbitas y una magdalena dura a modo de mordaza. Pero antes de que pudieran siquiera abrir la boca para gritar, tres entes vestidos con el traje regional de La Alberca (provincia de Salamanca) abrazaron por la espalda a nuestras tres bloggeras y las adormecieron con un fular impregnado con Grey Goose, el nuevo cloroformo.

Cuando la Community Manager despertó, aturdida, pero deseando dar cuenta de su situación geofísica en Foursquare, se percató de que (ups) estaba atada a un asiento en (doble ups) el salón de actos de su no ya tan adorado Museo. No podía gritar, le habían tapado la boca con papel del váter al que habían pintado unos labios rojos en trampantojo con Russian Red, el lipstick conservador de Mac. Tampoco podía parpadear; un extraño artefacto le hacía permanecer con los ojos muy abiertos y las lentillas muy secas. Sus compañeras de tragedia, la trendy altruista y la veterana del wordpress, se encontraban en idéntica situación.

Se encendieron los focos del escenario, las primeras notas del nuevo hit de Fangoria comenzaron a sonar. Y allí estaba: Pepito Bradshaw, fundador de la tribu de los egobloggers, muso de una bocacalle que da a Malasaña, autor de himnos como “amo mi outfit”, “besitos trendy” o “vestir de Mcqueen es morir de amor”. También era bajito, pero, como cualquier bloggero sabía, éste las mataba callando. O hablando más bien.

“Os voy a poner un power point en el que se detallan los pasos que he seguido para crear mi nueva colección, un homenaje a las Bratz, a Frida Kahlo y a las fabes con almejas” Y al oír esto, a nuestras pobres chicas se les heló la sangre. “Pero antes” dijo nuestro pequeño Pepito que, teñido de fucsia y con un gorro de gnomo a juego con sus Martens, era la cara misma del terror “os voy a contar cómo es el día a día de un señor chiquitito que mola mazo”

Fotos en bucle, Starbucks, peinados que acaban en pico, spas, amigos que diseñan, uñas pintadas, amigos que no son amigos, Comme des Garçons de baratillo, más fotos desde arriba, músculos de goma. Convulsiones, gritos ahogados, temblores y sudores fríos, lágrimas que no caían. Y, con las diapositivas de la fiesta de caniches en la piscina de una azotea de un ilustrador andrógino que en realidad es charcutero en Cuenca, llegó el desmayo de la primera. Pero Pepito, que era la primera vez que se sentía escuchado, continuó contando cómo conoció a los gemelos chinos que hacen contorsionismo vestidos de Balmain en una fiesta homenaje al pantalón boyfriend. Sin piedad. Al fin y al cabo, nunca la habían tenido con él…

CONTINUARÁ

Escribe Caty Shark de Aragón | ilustra Pitina Caleya

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