— Los fashionpedists

Modistillas talking

Madrid es una provincia, Getaria es una urbe.
De Balenciaga, brocados y miedo al delirio.

En unos días tendrá lugar el evento más importante de la historia reciente de España y parte del extranjero: la esperada inauguración del Museo Balenciaga en Getaria, reina Sofi mediante, superará en elegancia, distinción y boato a cualquier boda real, visita oficial y sarao interestelar. Mientras apañábamos el petate para la #acampadaenGetaria “por el derecho inalienable a disfrutar de un abrigo bien cortado”, una buena amiga del Fashionpedismo tuvo a bien invitar a esta humilde servidora a la réplica-sucedáneo de tamaño acontecimiento: la gala homenaje a Balenciaga en la
flagship store de Movistar.

En mi opinión, este “culo veo culo quiero” que se lió en Madrid la semana pasada se resolvió de la única manera posible: mirando al kitsch y al esperpento. Porque cualquier intento de acercarse a Getaria sería vano, porque las comparaciones son odiosas, porque nos gusta homenajear a Balenciaga sin balenciagas, lo mejor que pudieron hacer fue llevar de maestra de ceremonias a esa musa infantil reconvertida en actriz de culto oculto, Miriam Díaz Aroca.

Ella, cardadísima, compartiendo base de maquillaje con Amaia Montero y embutida en un brocado- tornasolado-lentejuelado muy típico de eso que llaman Moda española. Ella, que no sabía por dónde le soplaba el viento; si se aplaudía, si sonaba música, si los vestidos eran de uno o de otro. Ella, agradecida y emocionada, iba presentando a un grupo de modelos sacadas de los desfile de Triumph de ese gran programa, Noche de Fiesta. Y ellas, híbridos entre una mamá operada a destiempo y una trama de trata de blancas, bajaban como podían tres pisos de tienda (marco incomparable) luciendo creaciones de maestros de renombre y probada maestría como Alejandro Vidal, Asunción Bastida o Santiago Bandrés. Y de los sumos pontífices Alvarado, Francis, Pertegaz y Modesto. Todavía me pregunto si eran inspiraciones del maestro Cristóbal o collages postmodernos basados en la libre asociación y un mundo interior profundamente atormentado.

Tras el desfile, la peli documental “Balenciaga: permanecer en lo efímero”, que va desgranando por boca de Givenchy, Ungaro, clientas, sastres y eruditos las andanzas de Cristóbal de Getaria al mundo. Bonito, si bien se echa un falta un poco más de información técnica. Todos sabemos a estas alturas que fue el más grande, y no está de más justificar el por qué.

De estas cuatro horas sentada en la misma silla, con mi amiga sin dar crédito a lo que estaba viendo, destacamos:

  1. Un front-row a la altura del evento. Maria Rosa la bailaora, Paco Ortega con un total look Desigual y acompañante con chaqueta de cuero blanco de Gianfranco Ferré y gafas de sol en interiores. La flor y nata de la moda marca ACME al lado de caras conocidas por haberse sentado en el sofá daliniano de Tómbola en el año ’95. Imitadoras de Ana Obregón y señoras que una vez tuvieron un Balenciaga licenciado de los de El Corte Inglés.
  2. La espera para entrar en el desfile. Una Gran Vía que parecía la puerta de una ermita en una boda provinciana, con todos los indispensables de la Alta Costura patria: el tornasolado, el tocado, el brocado, el zapato de punta y raso, la limosnera. Cuatro largas horas intentando justificar a mi acompañante que la Moda, en realidad, es otra cosa.
  3. Ver pasar a Elio, primus inter pares, grande entre los grandes, y ver pasar un vestido suyo confeccionado en los ’60. Ahora sí que sí, las comparaciones son odiosas.
  4. Vivir este #orfidaltime al lado de otra sufridora twittera y alma hipersensible al horror vacui. Desvirtualizarla y reírnos a gusto y en persona.
  5. Acabar en El Palentino bebiendo botellines al lado de señores columpiados para contrastar y volver a la realidad. Si nos quedábamos al cocktail podrían lavarnos el cerebro y de ahí a acabar usando autobronceador y moldeándonos el pelo hay un paso.

Queremos a José Luis Moreno y echamos en falta a Juncal Rivero y a Macario. Pero a Balenciaga lo adoramos. Así que les recomendamos encarecidamente que pasen de Benidorm y veraneen en Getaria. Con sus señoras, su burguesía, sus paisajes y sus vestidos. Un abanico de Casa Diego, una pamela y a pasar la tarde enfrente de un vestido inspirado en Zurbarán. Por fin en España el turismo glamouroso es posible.

Escribe Caty Shark de Aragón | ilustra Syl ST

2 comments
  1. Minervisima says: 31 mayo, 201118:54

    Agradecida y emocionada solamente puedo decir…
    que algún día haré una secuela sobre el momento cocktail, el abuso del bipartidismo pink/orange (colores block), el sombrero de la maestra de ceremonia a juego con sus leggins de los chinos y louboutins fakes, la combinación de sed, estómago vacío, cocktails, mi amiga y yo.
    Y las caras de las azafatas hartas de hacer fotos a egobloggers en el photocall de la entrada cuando salían. Algún día…
    #acampadaengetaria

  2. blogup says: 31 mayo, 201120:47

    Dan ganas de meterse en un cuadro de Sorolla y darse un paseo a la orilla del mar contemplando encajes y parasoles blancos para exorcizar a Obregones, Riveras y Morenos varias…

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