Trapería chic
Ribes & Casals. Purgatorio de popelín. El cielo y el infierno.

En el corazón de todo estudiante del IED, de Academias Isa o del taller de costura de un centro cultural de periferia, hay un lugar que, conocido por primera vez, causa delirio. Hablamos de Ribes & Casals, ese templo de la tela, de la moda por metros, del tejido listo y dispuesto para ser cortado, cosido y destrozado. Sus orígenes se remontan a los orígenes del mundo y su diseño interior es fiel reflejo de los negocios que hicieron de Madrid una ciudad de modistillas y costureras. Todavía hoy, parte de su clientela está formada por esa élite envidiada y en extinción que son las señoras, mujeres que conocen el nombre de cada punto, de cada color, de cada estampado y de cada tejido, mujeres que saben bordar con nueve puntos diferentes, mujeres que han pasado la vida en zapatillas y que, sin embargo, saben más de moda que cualquier estilista de Vogue Hommes Japan.
En Ribes & Casals, el visitante experimenta un complejo proceso de fases emocionales. Primero, la sorpresa: telas Liberty, telas de algodón, distintos estampados, un mar de posibilidades que excede con mucho las doce colecciones anuales de Topshop o la perversa demencia de Desigual. El visitante, entonces, comienza a pasear, a tocar, a ver, a pesar con las manos y a entrenar las yemas de sus dedos en el reconocimiento de tantas y tantas superficies distintas.
La siguiente fase es la fascinación. Sucede esto cuando descubre, más allá del algodón y el polyester, el lujo infinito de los brocados, de los terciopelos, de los encajes, de las sedas, del tweed a ochenta euros el metro que cambia por siempre su percepción de un traje sastre.
Después, sube las escaleras y experimenta la tercera fase: la de la histeria. Sucede cuando llega a la sección de fantasía, y se pierde entre animal prints en colores tornasolados, entre lentejuelas de pega, brillos imposibles y lamés hechos para el infierno. Nunca imaginaste que tal cromatismo fuese posible en el mundo. El color de tus sueños está aquí; el del infierno, también.
A continuación perderás el sentido. Horas después, alguien te encontrará desnudo, atado, delirando en un callejón inmundo. Y visitarás Ribes y Casals cada semana, pero con precaución.
Por Mariano de Farra | Ilustra Pitina Caleya
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